• Raúl Cordero Núñez

Vientres de alquiler y parentesco heterosexista


El debate sobre vientres de alquiler tiene derivadas en relación a los derechos de las mujeres sobre los que ya me pronuncié en otro artículo que rescataré para este blog (próximamente). Me interesa hoy, de todos modos, hacer una aproximación a la posición del activismo queer, que utilizando al colectivo LGTB como rehén, nos quiere pedir como rescate otra renuncia a los derechos humanos de las mujeres en favor de sus anhelos de reconocimiento, incluso al precio de reforzar las estructuras de parentesco heterosexistas. No deja de sorprenderme esta defensa del sistema de parentesco de base genética, que no resiste la más mínima crítica inmanente. Cae con la simple aplicación de argumentarios que ofrece la misma teoría queer, al menos en la versión de Judith Butler. Esa es la tarea que aborda este texto, la realización de una crítica inmanente a la posición pro-vientres de alquiler de parte del activismo queer.


Tengo que advertir de la complejidad de algunas partes del texto. Me parece justo utilizar una retórica similar a la de la autora para no manipular más allá de lo que toda interpretación manipula en sí. Butler ha hecho explícito su argumento sobre el uso de una gramática concreta para expresar sus postulados. Lo enuncia así en el prefacio a la edición de 1999 de El género en disputa: “...ni la gramática ni el estilo son políticamente neutros. Aprender las reglas que rigen el discurso inteligible es imbuirse del lenguaje normalizado… Considerar que la gramática aceptada es el mejor vehículo para exponer puntos de vista radicales sería un error…”. En fin, este blog está pensado para profundizar más allá de lo que habitualmente es posible en otros medios, ya sea por extensión o por complejidad. Pero quizás este texto, al utilizar una retórica butleriana, no cumpla con las mínimas normas de cortesía de un autor que quiere después de todo ser comprendido. Qué le vamos a hacer. En todo caso, yo pediría al lector o lectora que no se frustre y trate de quedarse con la música aunque no entienda toda la letra, porque la conclusión está expresada al final con claridad.

las fórmulas de parentesco no heterocentradas están aseguradas, tanto a través de la adopción como de la gestación en el caso de las familias formadas por mujeres.

En las últimas décadas, gracias al activismo tenaz de los colectivos LGTB, la legislación de numerosos países del mundo ha despenalizado la homosexualidad y ha incluido en su legislación distintas formas de familia. Los matrimonios entre personas del mismo sexo, por ejemplo, son legales en España desde 2005. Por otro lado, la ley permite acceder a la adopción o al acogimiento de menores también a parejas no heterosexuales en las mismas condiciones. Además, las técnicas de reproducción asistida, permiten a las parejas lesbianas, por ejemplo, formar una familia de base genética matrilineal y matrilocal, utilizando los óvulos de una de las progenitoras y asumiendo una de ellas la gestación. En este sentido, las fórmulas de parentesco no heterocentradas están aseguradas, tanto a través de la adopción como de la gestación en el caso de las familias formadas por mujeres. ¿Qué queda fuera de este ámbito de cobertura? Lo único que parece no poder cubrirse sin la apelación a la gestación fuera de la familia es el modelo de familia nuclear, de base genética patrilineal y patrilocal. Es decir, lo que vendría a cubrir la reivindicación de algunos colectivos LGTB y queer es la formación de familias de base heterocentrada: nucleares, genéticas, patrilineales y patrilocales (lo que venimos llamando familia tradicional).



El fondo de la reivindicación de algunos grupos queer y LGTB contiene un conflicto en la medida en que aparece como una reivindicación para la transmisión de los genes paternos, como una exigencia de reconocimiento al derecho de transmisión genética patrilineal y de crianza patrilocal. Pero como dice Butler, este reconocimiento delimitará también aquello que queda excluido y se mantendrá como ilegible. Butler lo expresa así en su texto ¿El parentesco es siempre heterosexual de antemano?: “...las opciones fuera del matrimonio se están excluyendo como algo impensable... los términos de lo concebible se refuerzan a través de los limitados debates sobre quién y qué será incluido en la norma”. Esta normalización excluye a quienes optan por eludir el modelo de familia tradicional. Incluso para los que, siendo heterosexuales, no constituimos un modelo de familia nuclear, genético, patrilineal, se nos plantea una mutilación, una falta o una exclusión de legibilidad en nuestro proyecto de vida, porque se asume que el modo de vida que marca la matriz es la familia tradicional. En lugar de exigir que se lea nuestro proyecto de vida, los activismos queer están exigiendo ser subsumidos en el sistema de parentesco heterocentrado, y esto no tiene sentido desde su propia lógica: “...los agentes sexuales que funcionan fuera del ámbito de la alianza matrimonial y de sus reconocidas, aunque limitadas, formas alternativas ahora constituyen posibilidades sexuales que nunca serán elegibles para una traducción de legitimidad” (Butler).

En lugar de exigir que se lea nuestro proyecto de vida, los activismos queer están exigiendo ser subsumidos en el sistema de parentesco heterocentrado, y esto no tiene sentido desde su propia lógica

La reivindicación de la familia nuclear como forma de realización personal reproduce la matriz de parentesco heterosexual y refuerza la norma patriarcal y heterosexista que los activismos de género posmodernos quieren transgredir. La formación de familias LGTB a través de los vientres de alquiler no subvierte en absoluto la norma de parentesco heterosexista. Más bien parece reforzar la normalización de matriz heterosexual al optar por un tipo de familia nuclear de base genética paterna, que utiliza a la mujer como gestante para luego despojarla de todo derecho de filiación sobre la prole, que tendrá una crianza virilocal. A esto lo hemos llamado siempre “familia tradicional” (era el esquema familiar franquista, basado en los derechos del padre genético), y reproduce la norma patriarcal que se supone debe subvertir, porque sólo introduce una "tecnología" para la reproducción, pero mantiene el esquema heterocentrado. No deja de ser un proyecto familiar de parentesco patrilineal y patrilocal con base genética, que elimina toda posibilidad de bastardía a través de la adopción, por ejemplo, porque en esa bastardía no se transfieren los genes del “padre”. La reivindicación biologicista que subyace tras esta exigencia es una contradicción insalvable. Y las carencias para la legibilidad como proyectos de vida vivible de aquellos colectivos no encuadrados en la familia nuclear de base genética se hace evidente.

reivindicar el reconocimiento legal de la familia nuclear de base genética patrilineal y patrilocal a través de los vientres de alquiler, supone admitir el sistema de parentesco de base genética patrilineal y patrilocal como matriz de legitimación

Además, en lo que tiene que ver con las políticas de reconocimiento, como dice Butler, “ser legitimado por el Estado conlleva entrar en los términos de legitimación que éste ofrece y encontrarse con que el sentido público y reconocible de la persona depende fundamentalmente del léxico de dicha legitimación“. Es decir, reivindicar el reconocimiento legal de la familia nuclear de base genética patrilineal y patrilocal a través de los vientres de alquiler, supone admitir el sistema de parentesco de base genética patrilineal y patrilocal como matriz de legitimación. O lo que es lo mismo, admitir y reforzar la norma de la familia tradicional: genética, patrilineal, patrilocal... por eso lo defiende Ciudadanos, que es un partido de orden.

las reivindicaciones de regulación del deseo de formar una familia nuclear genética refuerzan la norma heterocentrada de parentesco que pretenden subvertir

Una conclusión tangencial de este artículo podría ser que la crítica a la “matriz de inteligibilidad” basada en la heterosexualidad obligatoria que propone Butler, comparada con el sistema de análisis estructural feminista, está bastante limitada. Efectivamente, esa sustitución conlleva que aquellas prácticas que atentan contra los derechos de las mujeres que pudieran incardinarse en “anhelos de reconocimiento” del colectivo LGTB, son invisibles para la crítica queer, al no derivarse de una imposición de heterosexualidad, sino de machismo, que puede ser homosexual. Pero incluso desde las enormes carencias para el análisis que limitan a la teoría queer, ésta tiene capacidad para poner sobre la mesa el carácter heterosexista de las normas de parentesco subyacentes a las reivindicaciones de regulación de los vientres de alquiler. Utilizando una retórica butleriana, podríamos concluir que las reivindicaciones de regulación del deseo de formar una familia nuclear genética refuerzan la norma heterocentrada de parentesco que pretenden subvertir.


REFERENCIAS


Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. PAIDOS

Butler, Judith. ¿El parentesco es siempre heterosexual de antemano? en Deshacer el género. PAIDOS.

Butler, Judith. Sometimiento, resistencia, resignificación. Entre Freud y Foucault. en Mecanismos psíquicos del poder. CÁTEDRA

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